SOY LEONARDO MAGALLANES

CÓRDOBA, ARGENTINA

Las Cañas, un pueblito en el interior de Catamarca. Una fiesta patronal en el pueblo de mi abuela. Tengo 15 años y en las manos sostengo la cámara que mis padres compraron con esfuerzo. No lo sé todavía, pero ese día jugando y registrando ese evento como recuerdo familiar comenzó todo.

Los años siguientes son de aprendizaje: cursos, programas de turismo de TV en Córdoba, corresponsalías de noticias de Buenos Aires. La cámara al hombro, el oficio entrando en el cuerpo. Después llega el salto: mi propias producciones. Primero los documentales históricos, entender cómo se cuenta una historia con profundidad y rigor. Y con el tiempo, clientes que antes parecían inalcanzables — el BID, la Universidad Católica, empresas de Córdoba y Salta.

Pero el terreno empieza a moverse. Cambia la forma en que la gente consume contenido. Cambia la forma en que las marcas se muestran al mundo. Y entonces llega una pregunta que no puedo ignorar. Una que me queda dando vueltas, que me incomoda, que no me deja seguir como si nada: ¿alcanza con filmar bien, con seguir tendencias y llenar un perfil de contenido efímero, o hay algo más profundo que entender?

Esa pregunta lo cambia todo.

No me quedo con la duda. Estudio un MBA, publicidad, marketing. Y mientras estudio, sigo filmando — publicidades, videos institucionales, sin pausa — comparando en tiempo real lo que aprendía en la teoría con lo que pasaba en cada rodaje. En paralelo, emprendo. Soy estratega de marca para productos físicos y digitales. No todo sale bien — algunos de esos emprendimientos no prosperan, entre ellos una línea de muebles de estilo industrial. Pero ahí también aprendo algo que no está en ningún curso, en ningún video de YouTube ni en ninguna universidad: lo que cuesta arriesgar capital propio, sostener una idea cuando la cosa se pone difícil, y aceptar cuando algo no funciona. Eso solo lo enseñan los años y la práctica real.

Con esos aprendizajes, fundo mi propia marca de café, Cálimo. Por primera vez estoy del otro lado del mostrador de verdad: no filmando decisiones de negocio ajenas, sino tomando las propias. Ese cruce — el oficio cinematográfico y la piel de quien construyó y arriesgó — es lo que hoy pongo al servicio de cada empresa o negocio que decide contar su historia. Porque la producción audiovisual sigue siendo mi pasión y mi trabajo central.

Hoy las dos mitades de mi historia se encuentran: 30 años de oficio cinematográfico y una formación que entiende la lógica comercial detrás de cada industria, incluidos sus tropiezos. No filmo para llenar un feed — diseño piezas que perduran, que te validan ante socios, inversores y clientes.

Porque detrás de cada empresa hay una historia de esfuerzo, con aciertos y caídas. Y esa historia merece documentarse como se merece: bien.

Cinematografía estratégica para empresas y negocios que construyeron algo real y merecen que su esfuerzo trascienda.

© Leonardo Magallanes 2026

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